Vista de la localidad de Marchena,
antiguo Reino de Sevilla.
Este pasado fin de semana falleció en Sevilla mi querido tío JL de A-V y C, marqués de C y señor de Marchena. Era el mayor de su casa, el pater familias de un linaje, los A-V, que llegaron a España desde su Flandes natal a principios del siglo XVI encuadrados en el séquito de notables que acompañaron al flamante rey Carlos I de España y V de Alemania en su viaje de Gante a Castilla, y que se establecieron en Marchena durante la segunda mitad del XVIII.
Familiar, simpático y divertido como pocos, de gustos sobrios y exquisitas maneras, con la autoridad de quien ha vivido mucho y siempre bajo la impronta cristiana, deja viuda, cinco hijos y unos cuantos nietecillos. Agricultor orgulloso, tío JL era un aristócrata de los de antes, uno de los últimos mohicanos de un tiempo en el que Europa era faro y espejo del mundo. Nació durante la II República, en el seno de una familia tradicionalista. Sabio natural del monte español, pocos podían competir con él en conocimiento sobre la sierra española y sobre sus moradores. Mi querido tío pertenecía a esa extraordinaria raza de los monteros viejos que, para nuestra desgracia, cada vez van quedando menos en nuestras armadas y traviesas. Monteros que iban a muchas monterías al año, pero que cazaban el mismo número de reses que un montero cateto y gatillero de hoy que acuda a cuatro cercones atestados de venaos y cochinos mansurrones.
Fue enterrado en su querida Marchena, junto a sus mayores. Descanse en paz.
*Estos días, en el Museo de la Ciudad de Madrid o como se llame (el que está cerca del Auditorio en la calle Príncipe de Vergara), se ofrece al público una exposición sobre la mítica revista de humor "La Codorniz", publicación donde colaboraban firmas como Mingote, Gila, Tono, Mihura, Jardiel Poncela, Fernández Flores, Neville, Gómez de la Serna. La Codorniz duró lo que el franquismo, y en cuanto llegó la democracia y la libertad a brochazos, una revista como aquella sobraba. Hoy, una cosa así, con semejantes figuras en su elenco, es literalmente imposible. Yo no me la pienso perder.
2 comentarios:
Sr. Romero:
¿Por qué pone las iniciales y no el nombre completo? Se perfectamente qué apellidos representan dichas iniciales, pero creo que el resto de lectores merecen conocer toda la información.
Y lo mismo respecto al título.
Un abrazo.
Los datos personales de personas que no son públicas merecen (y por Ley, ojo) un trato más reservado que los de personas que sí son públicas. Es simple y llanamente por eso.
Aquel lector que no sepa a quien me refiero, pues no ha de enterarse. Es una reseña familiar. Se ha de quedar con la moraleja de la sabanita, pero el dato en concreto de la persona no es especialmente relevante para los que no lo conocían.
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