lunes 23 de enero de 2012

De ricos, nacionalistas y colchoneros




Según dice algún medio de comunicación, España vetaría la entrada de Escocia en la Unión Europea en el caso de que ésta finalmente se independizase del resto del Reino Unido y solicitara su entrada en la UE. ¿Y por qué se vetaría? Por el efecto contagio. Ese argumento es falaz e infantil, y parece que nuestros políticos consideran a sus administrados como tiernos infantes menores de edad. Si Escocia decide su independencia, ¿qué problema hay en aprobar o consentir su entrada en la Unión?, ¿quiénes somos los españoles para arrogarnos en jueces de asuntos de vital importancia para nuestro continente? En este caso, además, los escoceses me caen bastante bien. Si Escocia cumple con los parámetros y requisitos que se han de exigir para su entrada en la UE, no entiendo la razón para no votar a favor de su ingreso. Dicen que, de no proceder así, se animaría a los catalanes y a los vascos a emprender sus aventuras secesionistas. Esto se parece al estúpido argumento de la violencia en las películas y en los videojuegos. Toda la vida he disfrutado de películas violentas y de videojuegos de peleas y disparos, y la última vez que me peleé podía tener 17 años y fue por un balonazo que recibí en el recreo del colegio.

Yo, como ciudadano español, vería rastrero e infantil que mi gobierno vetara la entrada en la UE de una hipotética Cataluña independiente. Imitaríamos el lamentable ejemplo de aquellas madres divorciadas que utilizan el régimen de visitas de sus hijos para fastidiar al ex-cónyuge. Si los catalanes deciden marcharse de España, dejémosles que hagan su vida en paz. El caso vasco es distinto. Allí hay asesinos ensalzados por los independentistas, con plazas, calles y premios a su nombre. En ese caso (es difícil imaginarse un País Vasco independiente que no considere como héroes a las alimañas infectas etarras) las relaciones diplomáticas y políticas entre el resto de España y el País Vasco serán distintas. Pero incluso si los vascos decidiesen en referéndum separarse del resto de España, y procediesen de forma y manera impecable con los terroristas ( es decir, persiguiéndolos y dejándolos en manos de la Justicia española), la postura razonable, sensata y señorial de nuestro gobierno debiera ser la de facilitar su entrada en las instituciones comunitarias europeas.

No entiendo esta absurda manera de tomar a los ciudadanos como idiotas incapaces de alcanzar a comprender el verdadero significado de las cosas. Yo creo que el nacionalismo es una cosa propia de aldeanos acomplejados. Jamás he sabido de un gran espíritu que fuera nacionalista. No sé quien fue el que dijo que el nacionalismo cumplía la función de dotar de alguna genealogía a los desconocidos y mediocres. Pero también creo que el arte moderno es un camelo, que el 95% de la nouvelle cuisine es una fantochada, que la literatura y el cine actuales están bajo mínimos y que los matrimonios homosexuales no son matrimonios, y no por ello voy a perjudicar políticamente a los anteriores. Allá ellos si se quieren ir de la Santa Casa Madre de las Españas (ya saben de mi postura favorable hacia la independencia de Cataluña y la permanencia del País Vasco), el país más insólito y especial de toda la faz de la Tierra.


* El discurso político de la derecha contemporánea está desgraciadamente muy trufado de liberalismos varios, y conviene ejercer la labor de expurgamiento o espulgamiento de dichos elementos, mayormente en estos tiempos un tanto grises en los que la izquierda, si acierta en sus diagnósticos, nos puede mandar al limbo de la oposición para unos cuantos años. Uno de ellos es la castaña pilonga esta de que los ricos no tienen que pagar impuestos más altos que los menos ricos (i.e., los pobres) porque así se consigue que inviertan sus ahorros en la economía y de esta forma se creen puestos de trabajo y riqueza para todos. Pues sigo sin enterarme.

Hoy publica el Premio Nobel de Economía Paul Krugman un artículo en El País diciendo con sabias palabras lo mismo que yo vengo diciendo desde que tengo dientes políticos. No puede ser que los ricos paguen menos impuestos que los pobres, primero porque no encuentro razón fiscal, moral ni política para ella, y segundo, porque nos puede conducir a un camino de protestas y revueltas sociales plenamente justificadas. Las rentas del trabajo tributan a un tipo, en el caso más alto y con la reciente modificación pepera, superior al 50%. O sea, un huevo. Por contra, y hablo de España, las rentas del capital o ahorro tributan a la mitad, y ahí entran, claro está, los dividendos por participaciones societarias, con lo cual, todo el que pueda, lo mete por ahí. No pongo el ejemplo de los Estados Unidos porque allí es todavía más sangrante. Aún recuerdo a Warren Buffet sorprendido al comprobar que su secretaria pagaba más impuestos proporcionales que una de las dos mayores fortunas de los Estados Unidos de América.

Este es un mundo de locos, donde a los pobres se les exige más que a los ricos, siendo aquellos muchos más que estos. El padre del candidato republicano Mitt Romney, don George, que también se presentó a candidato presidencial en 1967, dejaba para el fisco el 37% de sus ingresos. Su hijo Mitt, mucho más rico que él, paga menos de la mitad. Un señor que gane 90.000 euros al año en Madrid, para el PSOE pueda que sea un señor rico, pero si esos 90.000 euros vienen por sueldo y salario, se deja unos 40.000 en el IRPF, y con 50.000 euros limpios al año, mujer, un par de hijos y viviendo en Madrid, en el veraneo no te da más que para pipas. Los ricos son otros, joé. Me gustaría saber cuántos impuestos pagan los March, las Koplowitz, el señor Ortega...

No es esto, no es esto...


* Lo siento por Manzano, pero le pintan bastos a su currículo. Ha sido llegar el Cholo, y no es que seamos el Ajax de los setenta, pero las cosas marchan por otros derroteros. Muchos me lo negaban, pero yo lo he mantenido por activa y por pasiva. El Atlético, con las cosas algo de cara y el equipo de gala en el césped, tiene que disputar por la tercera o cuarta plaza en esta liga española. Falcao empieza justificar el dineral que nos costó, Adrián prosigue firme en su empeño de convertirse en uno de los delanteros españoles de referencia de los próximos años, y hasta nuestra defensa se ha puesto las pilas.

2 comentarios:

Nomenclator dijo...

Pues que quiere que le diga Romero...Si Cataluña se independizase, yo no querría que entrara en la UE. Es más, votaría a favor de una intervención militar en la que se aniquilase toda su industria (no personas). Y lo mismo aplicable a las Vascongadas. En lo de Escocia si estoy de acuerdo con usted porque me da exactamente igual lo que hagan y si quieren pertenecer al Reino Unido o no.

El dueño de este chiringo dijo...

Pues no entiendo su postura. Yo, que defiendo ideas, parto de la base de que éstas son universales. Si me parece muy bien que Escocia o Flandes se separasen del resto de sus actuales naciones y se conviertan después en Estados miembros de la UE, ¿por qué no voy a pensar lo mismo de Cataluña o del País Vasco?

Creo que las ideas son buenas en su universalidad. Que nos da rabia que los catalanes se separen, pues claro. Pero la rabia debe de usarse para otras cosas. De todas formas, hoy por hoy, sólo peligra en cierta forma el País Vasco, y aún así tengo mis dudas de que los independentistas consigan algo. En Guipúzcoa un referéndum soberanista triunfaría, lo tengo claro. Pero en Vizcaya las cosas marcharían muy igualadas, y en Álava ganaría la permanencia en España.

Ya en Navarra ni te cuento.