miércoles 4 de enero de 2012

Cuando éramos dioses




España fue, durante casi 150 años, algo así los Estados Unidos pero de Europa. Desde 1492 a 1645, más o menos, nuestro ejército era el más temido de Occidente, y nuestros tercios viejos castellanos la versión renacentista de los actuales marines americanos. En la otra parte del mundo, probablemente China nos hubiera puesto en su sitio en un santiamén, pero entonces China era una cosa de brumosas leyendas a la que le importábamos un comino.



Hubo un momento, dentro de ese siglo y medio de esplendor, en el que España pudo haber convertido su poderío en prácticamente eterno. Felipe II estaba casado con una Tudor, más concretamente con María I de Inglaterra, tía suya e hija del indeseable Enrique VIII. La Leyenda Negra dice que el motivo de la mal llamada Armada Invencible (los españoles la llamaban la "Grande Armada") era invadir y ocupar el reino de Inglaterra, y esa era una verdad a medias, que es la peor de las mentiras. El propósito de armar unos 125 barcos y embarcar casi 20.000 solados y 7.000 marineros camino de Flandes era castigar a los ingleses por su impiedad (perseguían a los católicos), por sus continuos actos de piratería (como olvidarse de Francis Drake y John Hawkins, que además eran parientes, robándonos nuestros galeones), y por su apoyo a los rebeldes holandeses.



Hay mucha hojarasca y podredumbre que barrer de la verdadera Historia. Se dice que, cuando muere don Álvaro de Bazán, I marqués de Santa Cruz y II del Viso, y primer almirante de la Gran Armada, Felipe II elige para sustituirle a un noble, el duque de Medina Sidona, que jamás se había subido a un barco. Posiblemente el duque no era un marino tan avezado como Santa Cruz, pero nadie que conozca la historia de la poderosa Casa Medina Sidonia ignora que la relación de los Pérez de Guzmán con el mar venía de muchas generaciones. Se dice que sir Francis Drake era poco menos que la encarnación del Dios Neptuno, y eso es mentira. Al pirata Drake lo vencieron muchas veces los españoles, y jamás nos hizo algo de verdadero calado salvo destruir hasta los cimientos y gratuitamente el puerto de Vigo, acción que se la hicimos pagar caro.



La Gran Armada partió de Lisboa con unas 125 naves de distinto tamaño camino de las costas de Flandes, donde debía embarcar hacia la zona de Dover y cruzar así el Canal de la Mancha llevando los casi 30.000 soldados de los tercios castellanos que mandaba el duque de Parma, Alejandro Farnesio, preparados para tal efecto. Si se hubiese producido tal cosa, si se llega a establecer una cabeza de puente en algún punto del sureste inglés y los soldados imperiales hubiesen pisado suelo hereje, a Isabel I le quedaba un telediario. En una semana le hubieran puesto la bandera de Borgoña a la Torre de Londres. Hasta el propio Papa dictó indulgencia plenaria a quien se enrolase o combatiese contra los partidarios de Isabel I de Inglaterra, la regicida (ordenó ejecturar a su pariente María Estuardo, reina de Escocia, católica devota y aspirante legítima al trono inglés), pues el mundo católico veía tal empresa como una nueva Cruzada, un nuevo Lepanto redivivo.



Tampoco es verdad eso de que la marina inglesa (la primera Royal Navy) tuvo mucho que ver con la derrota de los nuestros. En cuestiones de propaganda, pocos pueblos tan habilidosos como el inglés. La acción de la marina inglesa apenas arañó superficialmente el poderío naval y ofensivo del contingente español. Los daños que Drake y compañía le hicieron a los españoles eran pequeños, no superaron el 10% de nuestros efectivos. La misión imperial no fracasó por las molestas incursiones inglesas, ni porque nuestros marinos fueran hombres de agua dulce poco duchos en la navegación oceánica , sino que fracasó por dos causas: la comunicación entre la Gran Armada y la infantería española acuartelada en Flandes fue dificilísima, no sabiendo ni loos unos ni los otros los planes y plazos de la otra parte, y dos: a los barcos españoles les tocó una mar malísima en el traicionero Canal de la Mancha, y no pudieron cumplir con los planes previstos teniendo que improvisar de allí en adelante. Tras no poder atracar en el puerto donde debían embarcar a los tercios, Medina Sidonia no tuvo más remedio que intentar la vuelta a España bordeando la costa oriental inglesa, Escocia e Irlanda. Tras aquella peripecia, en la que los españoles pudieron dejarse cuarenta barcos, eso es cierto, la Gran Armada regresó a puerto español con más de 80 naves. Los daños navales fueron notables, pero ni mucho menos decisivos (un poco lo que sucedió con los turcos y Lepanto). De hecho, se volvió a organizar una Gran Armada, aún más poderosa y efectiva que la anterior, para invadir Inglaterra pocos años después. El proyecto no se llevó a cabo porque la situación en Flandes empeoró considerablemte, y no había puerto seguro ni 30.000 soldados que sacar de aquellos complicadísimos Países Bajos.



O sea, que de gran victoria inglesa, nada de nada. Los historiadores británicos del XVIII y XIX mintieron como bellacos. Lo que sí se produjo es un fracaso español. Todo ese pensamiento bullshit de que los navíos españoles eran muy pesados y que no maniobraban bien en condiciones atlánticas difíciles es mentira. La construcción de los barcos la supervisó Álvaro de Bazán, un experimentadísimo marino de guerra, que conocía perfectamente las vicisitudes oceánicas y quien había ya derrotado a los ingleses en mar abierto. El papel de Medina Sidonia fue más que honroso. Sin noticias del ejército de Flandes, y con el mar en su contra y la incesante y lógica hostilidad de la ligera pero poco decisiva Royal Navy inglesa, hizo lo que buenamente pudo y regresó a España con las 2/3 partes. No era un genio, pero tampoco el monigote de secano que nos pintaron algunos.



¿Qué hubiera pasado si el mar hubiese estado mejor, la situación en Flandes igual, y los barcos españoles hubiesen atracado en las costas del condado de Kent, a pocas millas de Londres, con sus casi 30.000 infantes españoles? No se sabe, pero desde luego, esas tropas al mando de un avezado general como era Alejandro Farnesio habrían hecho mucha pupa en tierras sajonas. Me inclino a pensar que la situación de Isabel I hubiera cambiado mucho (siendo encarcelada encarcelada o sustituida en el trono), que la situación de los católicos en Inglaterra hubiera cambiado radicalmente, y que la expansión inglesa en Norteamérica no hubiera tenido lugar, al menos del modo en que lo hizo. Posiblemente, Norteamérica hubiera sido ocupada por ingleses católicos españolizados o directamente por súbditos castellanos, y el idioma oficial estadounidense sería el castellano y la religión predominante la apostólica romana. Otros piensan que los cambios hubieran llegado a más, que con el apoyo de un reino aliado o integrado como Inglaterra tan cerca de las posesiones flamencas del Imperio español, las revueltas de los cabecillas protestantes holandeses tipo Orange hubiesen sido sofocadas sin mayores problemas, y que se hubiera establecido el segundo bastión del Imperio español, uno radicado en el reino hispano-lusitano, y otro en el reino angloholandés. Con esas mimbres, la superioridad del imperio español hubiese durado tal vez un siglo más, y en Francia la industria de los pañales hubiese tenido una enorme demanda.


De todo lo anterior poco puede decirse. No soy amigo de ficcionar con la historia, porque conduce a bien poco. Sí que muestro más querencia por desnudar las cosas de todos sus ropajes artificiosos, y exponer las cosas parecidas a cómo en realidad fueron. La Gran Armada, mal llamada por los envidiosos franceses o inglesas "Armada Invencible", fue una escuadra naval enorme, formidable, que no fue vencida en combate abierto, y que estaba comandada por magníficos marinos como el almirante Miguel de Oquendo y Segura, al mando de la escuadra de Guipúzcoa, como el asturiano don Diego Florés de Valdés, al mando de la escuadra castellana, como el vizcaíno Juan Martínez de Recalde, al mando de la escuadra de Vizcaya, o como el gijonés Pedro Valdés y Menéndez de Lavandera, al mando de la flota andaluza. Si no tuvo éxito, es porque las cosas que dependen de muchos factores necesitan de una suerte que a veces les es esquiva. Punto.



Viva la marina española!!


4 comentarios:

Ildefonso Celedonio dijo...

Don Ignacio plenamente de acuerdo con su post pero permiteme algunas informacion extra.

1. España alcanzo su cota mas alta de poder naval al año siguiente con la destruccion de la contraarmada inglesa, el mayor de los fracasos de su impia reina,esta hegemonia naval duro hasta fines del XVII y , para algunos principios del XVIII

2. POr escenarios maritimos , no es hasta el XIX cuando perdemos la hegemonia atlantica y mediterranea,antes se perdio en el "teatro de operaciones" del canal de la mancha y mar del norte , por la pujanza holandesa( cuyas hazañas maritimas son espectaculares) e inglesa

3. En cuanto a la consideracion de potencia, o superpotencia, cada vez soy mas critico con la version tradicional de la historia que nos quita del escenario con la paz de westfalia,o la guerra de sucesion, España conservo colonias hasta el XIX en America y asia, y hasta el XVIII en belgica e Italia, yo creo que privar a españa de una posicion hegemonica es una cosa, pero remitirla a la irrelevancia es otra muy distinta, y el SXVIII y XIX español son cruciales para entender la historia actual.

Pd . Hecho un poco en falta una reseña de los marineros y soldados que llegaron a desembarcar en irlanda, asi como la afeccion de alguna ciudad inglesa, que la hubo, al bando catolico encarnado en FII.

1 abrazo y sigue asi¡

Anónimo dijo...

Parece mentira que yo descubra la contra armada a la que dimos para el pelo hoy. Nos enseñan muy mal la historia en nuestros colegios. Con lo fácil que tendría un profesor para haber dicho quela gran armada fracaso, pero que al año siguiente le dimos bien a la armada de los ingleses. En cambio nos lo venden como un rotundo fracaso español que supuso un punto de inflexión en el dominio de los mares... Anda que...

Migran duda en este tema es que hubiera pasado si don Alvaro de Bazán hubiera comandado la armada española. Estoy de acuerdo en que Medina Sidonia no debía ser manco, pero don Alvaro nunca había perdido una batalla, era brillante. Y lo curioso es que el si era de agua dulce….. Su casa estaba (y sigue estando) en la Mancha. Como allí dicen don Alvaro de Bazán hizo su casa en la Mancha porque pudo y porque quiso…

Recomiendo al que pase por Almuradiel por la N-IV que se acerque al Viso del Marques donde Felipe II le dio tierras a don Alvaro de Bazán y visite su Palacio que es a la vez Archivo del Armada (si si el Archivo de la Armada está en la Mancha). Merece la pena. Hay copia de todos los fanales que consigui0 en sus batallas (en esa época si ganabas una batalla tu enemigo te daba el fanal de su galera), incluido el de Lepanto e incluido el suyo ya que nunca perdió una batalla.

Manute

Anónimo dijo...

Sr. Romero no se si conoce la historia de Blas de Lezo, pero si no la conoce estoy seguro de que bien le mereceria un post una vez se haya documentado.
Un español que les enseño unas cuantas cosas a los ingleses en el mar.

Fernando de Laguno dijo...

Muy bien, un blog sin complejos y llamando al pan pan y al vino vino.

Aire fresco entre tanta tontería y miedo.

Un saludo.