jueves 10 de diciembre de 2009

La Santa e Inmaculada Constitución.






Creo sinceramente que mi familia se dividió en dos con respecto al referéndum sobre la aprobación de la Constitución del 78: creo que la paterna votó que sí, y que la materna votó que no. Yo, que todavía no era más que un proyecto del Barbas, no pude emitir mi juicio al respecto, pero teniendo en cuenta mi habitual discurrir y mis querencias (que no convicciones) dinásticas, creo que hubiera votado que no (quede claro que esto es pura ficción. Uno jamás sabrá que hubiera hecho en caso de... Simplemente, es imposible saberlo). Lo que no significa que su aprobación me pareciera un desastre. Voté que "No" al Proyecto para el Tratado de la Constitución Europea, en España barrió el "Sí", y pasé de rasgarme las vestiduras, que bastante lata me dan mi señora madre y mi señorita novia como para ir mudando de vestuario.



Ahora se vuelve a hablar de la Constitución, y de su hijastro el Tribunal Constitucional. El periódico "La Gaceta", del grupo mediático Intereconomía, adscrito a la derecha pura y sin complejos, sacó en portada a los presidentes autonómicos peperos que se saltaron de balde la celebración del aniversario de la Santa e Inmaculada Constitución. Seis presidentes, seis, que se dice pronto. Fueron, claro, más los que pasaron de acudir a festejar tal acontecimiento que los que se perdieron el puente para rendir tributo a esos 169 artículos tan mentados y desconocidos. Y este hecho, el de la defensa a ultranza de la Constitución del 78 que lleva a cabo la derecha española, me sorprende muy mucho. Si les parece mal que no acudieran, es que debe de parecerle que la celebración es digna de tal "esfuerzo". ¿Pero por qué la defienden tanto? Cuando se aprobó por referéndum hace treinta y un años, votó en contra de la misma un 13% de los electores de la nación, con una tasa total de participación del 67% del país (muy menor a algunas elecciones generales). Me "aventuro" a pensar que de ese millón y medio de españoles que votaron que No a la Constitución del 78, entre un tercio y la mitad de los mismos eran votantes derechistas descontentos con el tenor de la citada Carta Magna. No deben ustedes de olvidar que Fuerza Nueva, en 1978, consiguió casi 400.000 votos. Exactamente, 379.463 votos, bajo las siglas Unión Nacional. Más que los votos de la pasada legislatura de UPyD, encabezado por la ex-socialista Rosa Díez.



¿Qué quedó de aquella minoritaria pero numerosa derecha española contestataria y realmente reaccionaria? Apenas se oyen voces desde este lado de la orilla contrarias a una Constitución cuyo espíritu podía ser bueno, pero cuyas consecuencias son funestas (hoy en día, los nacionalismos y la burocracia autonómica son claras y directas rémoras económicas y sociales para el desarrollo de España). Yo creo, como los aberchales y los nacionalistas antiespañoles que en la península habitan, que la Constitución tiene que ser reformada. Tampoco creo que haya que dinamitarla, en eso sí que me distingo de la oposición antiespañola, pero entiendo oportuno que hay que operarla y medicarla porque en la práctica está moribunda, y con 31 años es aún jovencita. Eso sí, para nada consiento en divinizarla como pretende o parece pretender la práctica totalidad de la España de derecha y centro-derecha, familias políticas con las que me parece que emparento más.
España, económicamente, está mejor que nunca (ahora precisamente no, pero esta crisis no es fruto de la Constitución, o al menos la responsabilidad de ésta sobre la crisis es muy pequeña), pero política e institucionalmente su salud se parece a la España de 1935. Hay una parte importantísima de la clase política española decididamente enemiga del Estado Central y de la idea de España. Ya no son tres locos sanguinarios ocultos en Guipuzcoa y Francia, o algunos convergentes rabiosos a los que Pujol y compañía satisfacen de cuando en cuando. No, el cáncer se extiende a partes en principio sanas y vigorosas. El PSC, o sea, los socialistas catalanes (1 millón y medio de votantes en las elecciones generales al Congreso, 25 diputados), están decididamente a favor de alentar y refrescar movimientos y actitudes separatistas. En Galicia, las cosas parecen apaciguadas, pero los socialistas galaicos parecen contagiarse de veleidades lingüistico-separatistas. Navarra idem. Las Islas Baleares, idem eadem idem. Hasta un sector de Asturias parace apuntarse a la campaña de desprestigio contra el Estado. ¡¡¡¡Asturias!!!! Ya se conocen en la querida tierra de Jovellanos y del maestro Vázquez de Mella a los asturchales, decididos enemigos izquierdosos del idioma castellano. Ver para llorar. Añádase a esto el gasto, inmenso de tiempo, esfuerzo y dinero, que suponen 17 administraciones completas, con sus ministrillos (consejeros autonómicos, secretados de consejería, etc, etc...) y sus respectivas 17 cuerpos legislativos autonómicos. Hemos vuelto a la España del siglo XVII, con sus múltiples fueros y vericuetos legales pero sin sus coj..., y así nos va, compitiendo en un mundo donde el que no corre es que deja atrás a los mismísimos F-117.



No, ya es hora de que desde orillas y fuentes muy distintas a las de Llamazares, Carod-Rovira, Montilla, Otegui, Eguibar, Urcullu, Quintana y demás morralla politiquera surjan voces favorables a la reforma de la Constitución, pero que se reforme para precisamente dejar a estos desagradecidos sin el omnímodo e injusto poder e influencia de que disfrutan por obra y gracia de una "Carta Magna" que da demasiadas facilidades a los enemigos de la unidad de los españoles. Se supone que el Grupo Intereconomía refleja el sentir de los españoles católicos y conservadores. Pues que no le dé tanta coba a la Constitución del 78, que sólo es un documento firmado por unos cuantos. Ni que fuera una Encíclica Papal.




PD: Se desarrolla en estos momentos la Cumbre de Copenhague por el Cambio Climático o algo así. Vamos, diez mil tipos, entre científicos, políticos, periodistas, aprovechados varios y algún que otro sabio (estos en franca minoría), dispuestos a departir sobre el futuro climático de la Tierra durmiendo en hotelazos y comiendo a tutiplén. ¿Qué espero de aquella lejana reunión? Menos que poco, y un pelín más que nada. Resultados para la mejora de la salud mediomabiental de la Tierra: nada y teniendo a cero. Los que más contaminan no van dejar de hacerlo. Solución: leña al mono que es de goma. Si hay una causa loable en este mundo es la de la defensa de la Vida. Sí, eso que creo Dios antes de hacernos a nosotros los humanos. Acudan a una primavera lluviosa en Sierra Morena, y verán de qué es capaz Dios cuando le da por ahí. Leña al mono que es de goma. Que yo no me trague toda la bazofia ecologista que nos intentan (y consiguen) vender es porque no voy a comprar gato por liebre. Los animales se extinguen. A mediados del siglo pasado había casi un millón de leones en libertad. Hoy apenas superan los 20.000 especímenes. ¿Es necesario haber reducido al 2% la población de uno de los animales más bellos de la Creación? No. ¿Es bueno? Tampoco. Los mares están esquilmados. Hay que irse a pescar a Somalia porque en el resto del mundo los túnidos están poco menos que extinguidos.



Leña al mono que es de goma. Boicot total y frontal a las empresas, fábricas y productos que atentan contra la Vida de la Tierra. Boicot violento si hace falta. En Brasil talan la Amazonia en unas proporciones pavorosas. Y es el país de Lula da Silva. Boicot a la carne y la amdera brasileños hasta que no cambien la forma de hacer las cosas. Y así con todo. Dado que por si mismos los ricos y poderosos no cambian, ataquémosles el bolsillo. Linchemos sus carteras. Que el contamine lo pague, pero que lo pague de verdad. Leña al mono que es de goma. El siglo XXI decidirá que tipo de mundo queremos para nuestros descendientes. Leña al mono y manos a la obra. Nuestros nietos se le merecen.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Este mundo no me gusta (otros no sé)

Decía don Miguel de Unamuno y Jugo (tan grande como Kierkegaard, y tan desconocido como aquel) que debíamos apostar por "españolizar Europa". Vade retro, Satanás. Como el resto del mundo "civilizado" copiase las hispánicas maneras, miraba yo a ver si me convertía en el primero de esos viajeros espaciales a los que piensa sablear don Ricardo, Richard, Branson, mandamás de Virgin, pero para quedarme toda la vida orbitando por esas galaxias de Dios.


No es que el papelón que estamos haciendo con Marruecos (tampoco creo que ZP y su delirante corte de ministros pudiera hacer mucho más de lo que está haciendo), o demás gaitas (lo de la nueva Ley del Aborto es una aberración de magnitudes dramáticas, pero qué hacer cuando una propia parte de los católicos y personas sensatas que en el mundo son piensan en el aborto como en un "mal menor") sean la epítome del desastre español, no. La crisis va mucho más allá. Es una crisis intelectual. De que damos para poco, y cada vez para menos. Cada día que pasa me siento mucho más antisistema, y cada día que pasa comprendo más y mejor a mi Santa y Madre Iglesia. Intentar reconducir al rebaño de fieles, en las condiciones de hoy, a mejores pastos es como hablarle de la ética aristotélica a un bachiller logsiano de El Internado. Aguardar en los cuarteles, sean estos de invierno o verano, y luchar y rezar por tiempos menos peligrosos y más razonables. Esa es la actitud más práctica e inteligente. Y la única posible.


Ahora me entero que el aceite de oliva vuelve a valer un buen dinero (el extra anda por las cuatrocientas pelas más o menos, o sea, rondando los dos euros con cuarenta céntimos), y que la cantidad de aceite de oliva almacenado en las almazaras y cooperativas es la menor de la última década. Añádase que estamos ante un año de horrorosa sequía, y que los olivares andaluces y manchegos lo están pasando canutas, y tenemos por delante un panorama distinto. No es descabellado pensar que en el ejercicio que viene, a mediados de marzo, abril o mayo, con una campaña, ésta que ya ha comenzado, corta de aceituna, los precios del aceite de oliva en origen pudieran incluso rozar los tres euros. ¿Cómo se come eso? Hace menos de un año, el aceite a un euro con sesenta-setenta céntimos (rozando la venta a pérdidas), y puede que en cinco meses casi se duplique el precio (ojo, que puede ser que no, ya casi nada es seguro en este mercado primario), y los olivareros, entre ganancias comerciales y percepción de subvenciones, se llevan una pasta simpática. En términos reales, el agricultor profesional que el año pasado ganó treinta mil euretes a la venta de aceite y percibió de la UE sesenta y cinco mil machacantes de subvención (vaya mercado aquel en el que la sopa boba constituye el 70% de tus ingresos), este año puede percibir 100.000 euros de ganancias comerciales (a lo que vendo el aceite menos lo que me ha costado producirlo) y otros sesenta y cinco mil euretes. O sea. Año 2008, obtuvo 95.000 euros de rentas. Año 2009. 165.000 euros. Más de un setenta por ciento por ciento de subida, un 70%!!!!!


Me dirán ustedes que aún así, no fue tan mal año el 2008, que ganó un buen jornal. Ya, pero piensen otra cosa. Los datos de la campaña del 2009 son hipotéticos. Aún puede estropearse la cosa y bastante (esas odiosas marcas blancas. El señor Roig y sus Mercadonas, poderoso enemigo nos ha salido). Y segundo. Piensen en ese señor que estimaba que, más o menos, todos los años iba a ganar entre 135-150.000 euros, y se ha endeudado teniendo dicho techo por la boda de una hija, la compra de una casita en Estepona o por lo que sea. Pues el año pasado, posiblemente, se las vio y se las deseó para afrontar y responder al pago de sus inversiones. Y no actuó de forma imprudente. Tenía producto depositado en la cooperativa del pueblo. El consumo de aceite de oliva del año pasado fue bueno, subió a nivel internacional. Y a nivel nacional también lo hizo un poquito. ¿Pues por qué demonios este buen agricultor, padre de tres hijos y natural de la preciosa localidad y ciudad de Úbeda, un poner, venía ahorrando todos los añitos unos 25.000 euritos, gestionando con cierta prudencia sus bienes, tuvo el año pasado que sacar ahorros para sacar adelante la familia, saldando la campaña con pérdidas de otros 25.000 euros? ¿Saben ustedes lo que es perder dinero en un año, lo que significa tener que sacar ahorros para mantener el nivel de vida del año anterior, lo que significa que durante un año no has trabajado gratis sino que has perdido pasta, aún haciendo las cosas como Dios manda? Porque quienes mandaron en el precio del aceite de oliva no eran los olivareros, sino los hombres del dinero.


Por eso son tan peligrosos los financieros. Ya lo dijo un sabio jiennense de quien no puedo decir el nombre cuando los Salazar Brothers se hicieron con Carbonell. "Han llegado los financieros. La zorra al cuidado del corral de gallinas". Sus predicciones se cumplieron. Ahora, una vez derribados los Salazar, por lo menos durante un largo tiempo, llega el señor Roig (y los que le emularán), señor de Mercadona, y su brava apuesta por las marcas blancas (es decir, la botella de aceite a dos euros; dado que la produce él, aún tan barata le exprime más dinero a la estantería del hipermercado que vendiendo marcas externas), amenazando el inestable y preocupante negocio de criar y cosechar aceite de oliva, una profesión que convendría encuadrarse entre las de alto riesgo, por lo menos para el sistema circulatorio humano.


Dios nos libre de los financieros, de los especuladores, de todos esos hijos de su madre encorbatados y adictos a la Blackberry. Con poco dinero, mueven mucho mercado. Y no han visto ni un olivo en su puñetera vida, no saben nada de molinos de aceite, de podas, de cuidado de terrenos, de abonados, de jornales y jornaleros, del inequívoco olor que exudan las almazaras. ¿Entonces para qué sirven?



Definitivamente, para nada bueno.



Muera Wall Street.

jueves 3 de diciembre de 2009

La nueva batalla-escaramuza.




Algunas escenas de la vida del señor Laporta i Estruch, Joan.
Algunos ven (o quieren ver) en él al próximo líder de la dignidad y nación catalanas.
Borracho, recién divorciado, consumiendo champán en lugar de cava, con "negocios" en Uzbekistán...
Eso sí, le gustan las chais guapas. Le alabo el gusto.



Sí, ya lo sé por anticipado. Me van a caer tortas desde los que están situados en mi mismo lado de la orilla (ergo, lo que yo vengo en llamar "socialconservadores vaticanistas" o "izquierdosos de misa y comunión diaria"), y tampoco está el mundo como para encima tener que vigilar tu propia espalda. Pero la conciencia es la conciencia. Estoy en contra de los crucifijos en las escuelas públicas. Sí, y a pesar de mi debida obediencia y respeto para con mis queridos obispos (unos más que otros, digo por lo de queridos y por lo de obispos), en esto no sigo a los Roucos Boys. No, por simple coherencia religiosa y personal. La religión católica es demasiado importante como para que ande legitimando de alguna manera la educación pública estatal. ¿Qué pinta el Crucificado entre tanto gañán que campea por nuestra enseñanza obligatoria? No, a Dios lo que es de Dios, y al César, es decir, al Mundo, lo que es del Mundo.


No me imagino a Jesús, o a San Pedro, o incluso a San Pablo, y mira que éste último es metomentodo, abogando porque la Crucifixión presidiese las aulas de los niños patricios romanos. ¿Qué sentido tiene que en las escuelas públicas, que pagamos todos los españoles (aunque unos más que otros), tanto tirios (católicos) como troyanos (musulmanes, judíos, cristianos heréticos, budistas, agnósticos, cienciólogos, espiritistas, satánicos, marxistas, sintoistas, animistas, hindúes y hasta algún que otro ateo) la figura señera de una confesión religiosa (que yo sé que es la verdadera, pero que no todo el mundo sabe) goce de tan privilegiado estatus? "Mi reino no es de este mundo". ¿Les suena Quién lo dijo?


No mezclemos churras con merinas, queridos clérigos. Si eso, mezclarlas, es precisamente lo que llevamos haciendo desde que los romanos adoptaron el cristianismo como religión oficial (una decisión que ha lastrado para muchos siglos al cristianismo), la antiguedad de un error no es argumento suficiente para seguir manteniéndolo. ¿Por qué a ver quien me dice a mí que dentro de cincuenta años los musulmanes no son mayoría en España y se empeñan en imponer el Corán en las escuelas y el velo en las profesoras? Ya lo son, por ejemplo, o están cerca de serlo, en Ceuta y Melilla (tan españolas, por cierto, como la cueva de Covadonga). No señor, ése no es el futuro que deseo para mis nietos. La esfera de lo temporal, a la que pertenece la educación pública, no debe mezclarse con la esfera de lo eterno y espiritual, a la que pertenece la Santa Cruz. Así como no deseo que se enseñe doctrina mormona en las escuelas públicas con mi dinero, entiendo perfectamente la pretensión de que el cristianismo ceda su sitio a la laicidad del Estado. Ojo, no en condición de inferioridad, sino estrictamente en función de las competencias de cada uno.


Si ya apenas nadie queda en el mundo cristiano que defienda la pertinencia del estado confesional (los únicos, mis queridos correligionarios tradicionalistas, y esa es una desgraciada cuestión que nos enfrenta decidida y decisivamente), y desde luego son muy pocos los que así se manifiestan de entre nuestros obispos (yo no sé decir ninguno), a cuento de qué viene la perseverancia de la Conferencia Episcopal en la defensa de la visibilidad del Símbolo, de nuestro Símbolo, la Santa Cruz de Nuestro Señor. No he pensado nunca que ser más papista que el Papa sea una buena idea, y no hallo en los Cuatro Evangelios (única fuente verdaderamente irreprochable de la doctrina católica) ninguna alusión directa a la defensa del crucifijo en la escuela pública. Hay algunos católicos que se escudan en eso de que no es lo mismo libertad de conciencia que libertad de las conciencias, y demás gaitas. Pura escolástica inservible en un siglo, el XXI, y un mundo, el europeo, que cree que la teología es más bien literatura de ficción.


Las apoyaturas evangélicas sobre dicha necesaria confesionalidad católica, como en el Evangelio de San Juan 19, 11 (cuando Jesús le dice a Pilatos que su poder viene de arriba) o en San Mateo 28, 18 (cuando habla de que el Señor tiene poder sobre las cosas del cielo y de la tierra), son posibles argumentos, pero no suficientes razones. Está claro que el católico ha de procurarse para si mismo una especie de Estado confesional alternativo al oficial (como hacen los batasunos con sus instituciones seudoestatales e ilegales, pero a la católica), una manifestación completa de contracultura y contrasistema perfetamente católicos, pero la praxis de los primerísimos cristianos desautoriza un reconocimiento oficial por parte del Estado de cuál es "su" Religión verdadera".


PD: Dicho esto, y para que Dios me perdone, acudiré esta misma noche a la Adoración nocturna de una bulliciosa parroquia del extrarradio pijo madrileño.

martes 1 de diciembre de 2009

Ya me extrañaba...

Según elconfidencial.com, que todo hay que ponerlo entre sus pertinentes paréntesis, don José María Aznar López está iniciando su particular asalto al trono nobiliario que cree que le corresponde por su condición de ex-presidente del gobierno. Toda la vida creyendo que don José María Aznar era una suerte de ex-falangista democratizado muy poco amigo de monarquismos y demás ditirambos cortesanos, y ahora resulta que una vez en el paro político (que no económico), el señor Aznar se dedica a codearse con los más estrafalarios y reprochables millonetis que en el mundo son, y le ronda las mañanitas al monarca por ver si consigue bordarse la deseada coronita por encima de las iniciales de la camisa.


Ya me extrañaba a mí. Con el compendio de cursilería y aprovechismo en que se ha convertido este señor a quien el que esto escribe admiró en su más tierna adolescencia y juventud (yo, con 20 años, pensaba efectivamente que el señor Aznar López era lo menos malo que había entre nuestra clase política. Ya ven, también ahí me equivoqué), era muy raro que don José María mantuviese una actitud altiva y honorable en cuestiones nobiliarias. Se decía, por parte de algunos, que el señor Aznar no quería un título nobiliario porque su concepción de la monarquía distaba mucho de la que tienen, por ejemplo, las míticas Terceras del ABC, un poner. Pero qué va.


Don José Maria ha visto que eso de ostentar un título de Castilla (todo según los periodistas; o sea, que con pinzas) pinta mucho en según qué ambientes (curiosamente, entre norteamericanos y árabes petrolíferos, en teoría casi lo más opuesto que existe a la tradición nobiliaria española, que reconoce a familias antiguas y católicas), y se ha puesto manos a ello. En este asunto de los títulos nobiliarios, la verdad es que la derecha deja mucho que desear. La izquierda los tiene mejor puestos. Debe de ser que no existe en nuestro país apenas derecha republicana, porque aquí el que no corre vuela. Se dice (y es bastante creíble) que don Felipe González desechó la idea de convertirse en duque. Lo mismo hará don José Luis Rodríguez Zapatero, si al menos se muestra coherente con lo que dice que piensa (también en este asunto es creíble). Recuerdo ahora a la familia Rodríguez-Acosta, fundadores y poseedores de la añeja Banca Rodríguez-Acosta, germen de lo que sería décadas después el Banco de Granada. Ya saben de los títulos, un tanto particulares, que dieron los Alfonsos borbónicos, a banqueros, navieros, bodegueros, industriales varios (creo que, en algunos casos, dicha política fue muy acertada). También la Granada de principios del XX recibió algo de aquella lluvia nobiliaria. Los Agrela, poderosos propietarios de la Banca Agrela, recibieron el condado de Agrela.


Pues los referidos Rodríguez-Acosta, de origen judío y de convicciones republicanas, le dijeron que nones al rey Alfonso XIII. Les quiso hacer marqueses de Rodríguez-Acosta, y que no. Con un par. En aquella época era más importante que hoy ostentar un título, y hubo gente que efectivamente los rechazó, perjudicándose por seguir sus convicciones más serias. El mítico ganadero de bravo don Eduardo Miura le dijo a don Alfonso XIII que era más importante llamarse don Eduardo Miura que marqués de los Alixares, título que le propuso el monarca. Sin ir muy lejos, mi bisabuelo paterno materno le rechazó al mismo monarca (de quien era íntimo) un marquesado a cambio de una medalla al mérito agrícola (que la tenía merecida, ojo) con el contundente argumento de que "los títulos nuevos son una cursilería". El general José Enrique Varela rechazó el marquesado de Abdama porque no "quería valerse de cosas ajenas a él mismo", cuando era un simple capitán. A su muerte, sus herederos aceptaron del dictador Franco un título nobiliario póstumo (los hijos, a menudo, desmerecen a los padres). José Cruz-Conde y Fustegueras, el destacado político y alcalde cordobés, rechazó el marquesado del Guadalquivir, ahí es nada, porque consideraba que don Alfonso XIII hacía las cosas mal (madre mía, los noes que se llevó aquel infortunado, torpe y bienintencionado monarca). O el caso de don Domingo Elizondo Cajen, navarrico que declinó la oferta del marquesado de Irati (de este señor y de su descendencia convendría hablar algún día) por sus convicciones liberales y prorrepublicanas.


En fin, que antes había una derecha, poderosa, influyente y exitosa, que no tragaba por y con todo. Don José María Aznar López ha echado pestes del monarca desde que se aupara a los primeros puestos del escalafón político español. Y ahora tiende la mano por ver si cae alguna migaja. Malos tiempos para la lírica, efectivamente. Los muros de la patria mía están, efectivamente, derrumbados o derrumbándose, que todavía no lo sé.

lunes 30 de noviembre de 2009

El tonto más importante del mundo




Vean los excesos estupidizantes en los que desemboca sin remisión el nacionalismo.
A la española le llaman tortilla estatal.
Eso mete miedo por la cabeza.





Don José Luis Rodríguez Zapatero es presidente del gobierno de un país que mueve aproximadamente algo más de un billón de euros al año, y que junto con Francia, Inglaterra, Alemania e Italia forma parte de las Cinco Grandes Culturas Cristianas (aunque ya nos está pisando los talones Yanquilandia). O sea, que tampoco es moco de pavo. Por eso mismo, creo sincera y orgullosamente que tenemos el honor los españoles de haber alumbrado (y lo que aun es mejor, haber encumbrado) al tonto más importante del planeta llamado Tierra.


Cabría preguntarse sobre si realmente don José Luis Rodríguez y Zapatero, García-Lozano (extraña invención apellidística, pues su padre unió su segundo y tercer apellido en uno solo) y Valero es tonto, o más bien es malo. Así como creo que si hablásemos de Felipe González nos hallaríamos ante un malo muy listo, cuando se trata de la figura de nuestro actual glorioso presidente el diagnóstico debe de ser el de tonto muy listo.


¿Es posible ser un tonto muy listo? Sí. ¿No es una contradicción? No. ¿Y un tonto muy listo puede llegar a ser presidente del gobierno? Sí. Basta con nacer en el momento y en el lugar oportunos. ¿Qué otra cosa era mister George Bush sino un tonto muy listo? Claro que a don Jorge Arbusto lo despacharon los americanos hace algún tiempo, y a don José Luis nos lo tenemos que seguir comiendo con patatas los celtíberos. Viene esta reflexión a cuento de la última zapaterada que ha pergeñado tamaña materia gris. El Proyecto de la Economía sostenible, o como se diga. Yo, que soy de los tontos muy tontos que ha perdido algo de su tiempo en leerlo, constato en apenas un par de minutos que el texto de dicha Ley es una soberana tomadura de pelo. Por miles de motivos que podrían resumirse en dos. Porque no es el momento, y porque no es lugar. Añado tal vez un tercero: una ley que pretende cosas pero que no castiga al que no las cumple es papelito mojado y encima de orín de primera mañana.


La ministra Salgado sigue por sus fueros, haciendo campaña por acabar siendo reconocida como la peor ministro de economía de toda nuestra reciente Historia. Hay que alejarse hasta los tiempos de la primera autarquía franquista para encontrar a un responsable ministerial de los dineros españoles tan incompetente. Yo de verdad creo que ser ministro de Economía, o ser ministro de lo que sea, y hacer un digno papel (no digo bordarlo, que eso es harina de otro costal) no es especialmente difícil. Obtener la Cátedra de Metafísica de Cambridge, dirigir el Instituto Alemán de Física Max Planck o aprobar las oposiciones con el número 2 al Cuerpo de Abogados del Estado Español sí que lo es (enhorabuena, don AD-AM) sí que es difícil y hay que demostrar unos méritos que no están al alcance de todos, pero sentarse en el Consejo de Ministros sin tener que avergonzarse por la propia gestión, no es tan difícil.


Pues con una crisis sin precedentes (ojo al año 2010. Lo llevo avisando desde hace tiempo. Puede ser de auténtica traca), a don José Luis Rodríguez nuestro gran tonto no se le ocurre otra idea que jubilar al ministro Solbes (decepcionante, pero fiable) y regalarnos con esta flaca ministra que no sabe mucho de nada y que sabe poco de muy poco. Y claro, pasa lo que pasa. No se le ocurre a la ministra otra cosa que destaparse con esta ley de chichinabo que sirve menos que un calcetín para un cocido de garbanzos. Si ni siquiera nuestro empleo se puede sostener (el paro juvenil en España ronda el 40%, tela marinera), va la Salgado y nos quiere convertir de golpe y porrazo en la envidia de todas las naciones del mundo. Suena a chiste, y lo peor es que lo es. Léanse si tienen tiempo el Proyecto de Ley aprobado el pasado viernes. Entenderán perfectamente el significado de la palabra "tragicomedia". Pero la culpa subsidiaria por todo esto es del responsable de nombrarla, esto es, de don José Luis el Pacificador, que tan contento tiene a todo el mundo (catalanes, no catalanes, empresarios, desempleados, parados, agricultores...).


Que pena (aquí viene el habitual estoconazo hacia el partido de don Mariano) que nos pase todo esto cuando contamos con la peor oposición democrática de los últimos 30 años. Con un Partido Popular solvente y fiable, éste llegaría a los doscientos diputados en las próximas elecciones generales. Alguno me dirá que tampoco con eso nos aseguraremos la recuperación y la eficacia ausentes de y en todos estos años. Y probablemente tenga razón, pero quizás debamos dejar pasar otras elecciones para hacerle caso al cuerpo y votar en blanco. Puede que no nos quede a los españoles de buen corazón y algo de cabeza ni siquiera el derecho al pataleo.


PD: Atleti 4 - Español 0. Oooooe, oe, oe, oeeee... oeeeee, oeeeee.

sábado 28 de noviembre de 2009

Cataluñññña

Cataluña (oh, capitán, mi capitán) se ha puesto (y nos ha puesto) en posición de firmes. Pobrecita España, cuan pocos la quieren! Ya sabrán que la inmensa mayor parte de los periódicos catalanes se pusieron de acuerdo hace dos o tres días en sacar un editorial conjunto atacando los posibles recortes del Tribunal Constitucional al Estatut catalán del año 2006 creo recordar.

El editorial era de traca. De los que hablan y aleccionan en cada frase acerca de "la dignidad de Cataluña". Si España está mal, ni les cuento Cataluña. Que sus tres hombres fuertes sean Montilla, Carod-Rovira y el señor Mas es definitorio y definitivo. La existencia y actividad de Eta hace que la mirada se dirija con mayor asiduidad hacia las Vascongadas, pero donde la batalla está realmente difícil (y es más importante: siete millones de catalanes contra dos millones de vascos) es en la tierra de Wilfredo el Belloso y los castellets, ahora dominada por una recua de fenicios indocumentados (de Cambó, Tarradellas y cía a los que hoy "personifican" la dignidad política y popular de Cataluña media la misma distancia teórica y práctica que entre don Alfredo di Stéfano y don José María Gutiérrez "Guti"). El órdago está sobre la mesa. La impresentable dilación del Tribunal Constitucional ha contribuido con más leña a la hoguera ibérica. Más de tres años para resolver la posible inconstitucionalidad del Estatuto de Autonomía catalán se antojan materia de responsabilidad administrativa (o incluso penal).


La dignidad de Cataluña dicen. ¿Y dónde dejamos la dignidad de España? Amos anda! Cómo si eso importara! ¿En manos del PP de Rajoy y de la minúscula UPyD de Díez? Pues pobre España. Le quedan (y así lo creo) tres telediarios. La dignidad de Cataluña no existe, existe la dignidad de los catalanes, que no es lo mismo ni de lejos. Y ésta lleva siendo pisoteada por quienes viven de y desde la Generalitat y el Parlament casi desde que cambió el régimen y nació la democracia. Algunos catalanes se han creído los amos de la barra, los más chulos del garito. Y el resto de la parroquia-rebaño, a callar y a darles la razón. Cuando casi por vez primera nos asisten legalidad, legitimidad y autodefensa, nos acobardamos como gallinas (y que no falte el cacareo). No merecemos ya ni nuestra propia supervivencia. Pero eso sí. A Cataluña (ya puestos a sinécdoques, yo como el que más) esto no le saldrá gratis. Contra España se vive muy bien, pero quienes patronean la nave catalana no saben hacerlo cuando el viento está en contra, y no tardará en estarlo (si es que ya no empieza a estarlo).


Good bye, catalanes, si es lo que quereis. Somos ya muchos miles de españoles hartos de vuestras fariseicas lágrimas. Eso sí, que bien que vaya a quedar siempre el Español (perdón, Espanyol) subcampeón de vuestra liga. Una alegría que me llevo.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Sanjuanistas

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Hay pocas cosas grandes que se hayan mantenido del y desde el pasado. El ser humano, en su afán por empezar de cero, suele tirar por la borda todo aquello que encuentra caduco, demodé, incómodo (miren si no lo que pasó con la vieja misa en latín, infinitamente superior en espiritualidad a la moderna, con esos horribles cánticos de guitarra y beatas). Una de esas escasas cosas que han perdurado desde hace ya mucho tiempo es la Orden de Malta. Y si de mí dependiera, otros mil años que dure.





La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, que ése es su nombre oficial, fue fundada en el siglo XI por caballeros amalfitanos (Amalfi fue, junto a Génova, Pisa y Venecia, una de las cuatro repúblicas marítimas itálicas que lucharon por dominar el Mediterráneo) personificados por el beato Gerardo Tenque (hay quien propone otros apellidos), fundador histórico de la Orden Hospitalaria. Esta teoría del origen amalfitano de la Orden tiene muchos detractores. A pesar de su supuesto origen itálico, la influencia de los franceses durante sus primeros años ya indicaba la futura importancia de los malteses (melitenses es la forma correcta de denominarlos, u hospitalarios en su versión más antigua y verdaderamente hermosa) de lengua franchute. Adoptó la regla de San Agustín y las ocho puntas de su Cruz simbolizan las ocho bienaventuranzas (por ello se le llama cruz ochavada), rasgo de tradición amalfitana. Tiene rango de sujeto de derecho internacional, y su sede, el Gran Palacio Magistral, se encuentra en Roma, Via dei Condotti, cerquita del Papa, como debe de ser (hay quien dice que es el Estado más pequeño del mundo, con una superficie total de 1,5 hectáreas (campo y medio de fútbol), lo que miden sus dos sedes reconocidas). Tanto esta sede de Vía Condotti como su embajada ante el Vaticano y la República de Italia, el Palacio Aventino, tienen rango de extraterritorialidad (igual que las embajadas estatales, vamos). Su Patrón es San Juan Bautista, no en vano su primera acción fue erigir un hospital de atención a peregrinos consagrado a San Juan Bautista junto a la Iglesia palestina del Santo Sepulcro. Raymond du Puy (o De Podio o De Puig, pues alguno sostiene que era catalán), su segundo Gran Maestre, cambió su regla hacia la observancia benedictina y le dotó también de carácter militar (antes era una orden estrictamente hospitalaria). Poco a poco se añadió a los tres anteriores votos (pobreza, castidad y obediencia) un cuarto: el de combatir contra los moros. Esta innovación parece ya incluirse con los estatutos de que se dotó el noveno Gran Maestre, Frey Alfonso de Portugal, hacia el 1200. La mismísima Orden de los Trinitarios nació de estos soldados-monjes escogidos de cada nación cristiana. El verdadero título de sus Grandes Maestres es el de "Humilde Guardián de los Pobres de Jesucristo", precioso nombre.





Tras perder Jerusalén, San Juan de Acre y Rodas a causa del empuje de la morisma, los caballeros de San Juan de Jerusalén acabaron encontrando refugio en el archipiélago de Malta, gracias a que el Emperador Carlos V, de acuerdo con el Papa Clemente VII, les cedió estos territorios en 1530 al Gran Maestre Villiers de l´Isle Adam (a cambio la Orden se obligaba el Gran Maestre a entregarle cada año un halcón de cetrería al Virrey de Sicilia como representante de la monarquía española, aquel famoso halcón maltés que inspiraría la famosa novela de Hammet). La Reforma Luterana y la separación de la Iglesia Anglicana mermó considerablemente sus fuerzas. Aun con todo esto, aguantó el intenso asedio al que los sometió parte de la escuadra de guerra turca en el año de Nuestro Señor de 1565, donde se distinguió el mítico Gran Matestre Jean Parisot de la Valette, que da nombre a la actual capital política de Malta. Tras su conquista por Napoléon en 1798 (al parecer, confabulado con el propio Gran Maestre y conde Frey Ferdinand von Hompesch zu Bolheim), y sin ofrecer resistencia dado que los caballeros de Malta no pueden combatir contra fuerzas cristianas, y el posterior desalojo de los franceses de Malta por parte de los ingleses y los nativos, la isla dejó de ser sede aunque la Orden tenía derecho a la misma por reconocimiento expreso del Tratado de Amiens firmado por Inglaterra y Francia (en el Congreso de Viena de 1815 la Orden reivindicó sus justos derechos; pero ninguna potencia les hizo caso y se acabó dejando el archipiélago de Malta a la tutela inglesa). Finalmente, la Orden se estableció en Roma en 1834 tras unos años inestables. Su caracter jurídico es doble, otra de sus particularidades, pues por su filiación católica se encuentra encuadrada entre las esferas del derecho internacional y del derecho canónico.





Hay un poco de lío en torno a la Orden de Malta y a sus admisiones o ingresos. Malta es una Orden Nobiliaria, pero un tanto especial. Para ser admitido en ciertas categorías (Caballeros de Honor y Devoción y Caballeros de Gracia y Devoción), hay que probar nobleza de sangre (con menor ahínco que en las cuatro Órdenes Militares españolas o que en sus cinco Reales Maestranzas), pero se reconoce la nobleza personal de los que han llevado una vida cristiana ejemplar y reconocida. El Gran Maestre de la Orden de Malta no puede ennoblecer a nadie, no ha estado nunca dentro de sus prerrogativas. Aunque, como en todo, hay páginas oscuras. Tras su práctica desaparición en 1845 en nuestro país, en 1847 fue declarada oficialmente nacional, y se eximió de las pruebas de nobleza para su ingreso. Tuvo que ser el rey Alfonso XII quien, en 1885, por un Real Decreto obligó a sus caballeros a las probanzas nobiliarias que suponían su Tradición. El Gran Maestre de Malta es quien efectivamente gobierna la Orden. Recibe tratamiento de Alteza Eminentísima, y es considerado Príncipe de la Sangre. La propia Iglesia Católica lo considera como a uno de sus Cardenales. Los estados con los que la Orden mantiene relaciones diplomáticas lo consideran como a un Jefe de Estado (la Orden mantiene relaciones diplomáticas con casi cien estados. Otros afirman que hay que rebajar dicho numero a la mitad). Es el Consejo Pleno del Estado quien elige al Gran Maestre y a su Lugarteniente, que actúan como Princípes soberanos (por cortesía del Sacro Romano Imperio, hoy extinto) y superiores religiosos (por reconocimiento expreso de la Santa Sede) y que lo son de por vida, de entre los caballeros profesos con votos perpetuos. Su consejo de gobierno lo forman el Gran Comendador ("ministro de Asuntos Religiosos"), el Gran Canciller ("ministro de Interior y de Asuntos Exteriores"), el Gran Hospitalario ("ministro de Sanidad, Acción Humanitaria y Cooperación Internacional"), y el Recibidor del Gran Tesoro (este es fácil adivinarlo, el "ministro de los dineros") El representante papal ante la Orden recibe el nombre de Cardenal Patrono, y es designado por el Vaticano. La Orden de Malta tiene carácter de observador incluso ante las Naciones Unidas tras su admisión en 1994, y su representante tiene rango de embajador.





La Orden de Malta tiene unos 12.000 miembros (menos de 5.000 han aportado pruebas nobiliarias) entre Damas y Caballeros (las maestranzas españolas más nutridas tienen unos 300 miembros, y ninguna Orden Militar llega a los 100 caballeros) y unos 80.000 voluntarios permanentes. En España, la Orden cuenta con 80 damas y 600 caballeros. La Orden construyó el primer buque acorazado de la Historia, el Santa Ana, el primer buque-hospital y la primera escuela naval de la Historia, situada precisamente en la isla de Malta. Hay quien le llama la ONG más antigua de la Historia, y algo de razón tiene. Pero no es oro todo lo que reluce. El Vaticano hace tiempo que está algo molesto con la deriva actual de la casi milenaria Orden. El 23 de junio de 2006, el papa Benito XVI recibió en audiencia al entonces Gran Maestre de Malta, Frey Andrew Bertie (muerto en el 2008 y sucedido por otro Gran Maestre británico), inglés de nación y nieto del Conde de Abingdon, y le cantó las cuarenta. El verdadero leit motiv de la Orden de Malta es nutrir de religiosos a la Iglesia y ayudar a los pobres vivir dignamente. A los miembros del Soberano Consejo no los recibió, cambiando las viejas costumbres. Ya en el 2004 el Secretario de Estado vaticano, monseñor Angelo Sodano, visitó al Gran Maestre con la intención, según se dice, de darle un primer toque de atención a esa posible relajación de las viejas costumbres maltesas, que ya se sabe cómo hila de fino la diplomacia vaticana. Sospecha de ventas de cargos (simonía, que se dice con propiedad), posibles contactos con la masonería, diferencias con el Vaticano, etc, etc... Cosas nada acordes con el espíritu que ha alimentado desde siempre a la Orden. Malta ha tenido desde tiempos inmemoriales hermanos y caballeros de probadísima fidelidad católica y ejemplar esfuerzo evangélico, y por ello mismo merece el mayor de los respetos por parte de quienes creemos que una posición de privilegio se puede y se debe sostener y sustentar sobre una gran capacidad de sacrificio. Los miles y miles de caballeros de Malta que han perdido, a lo largo de su dilatadísima historia (después del Estado del Vaticano, puede ser el Estado más antiguo de Europa), su vida y hacienda en Palestina, en San Juan de Acre, en Rodas, en Trípoli, en Malta o en Lepanto, combatiendo a los enemigos de Cristo, son un gigantesco patrimonio moral. Ninguna Orden nobiliaria del mundo cuenta con una ejecutoria tan contrastada y magnífica. La Hospitalaria es una de las grandes Órdenes religiosas del catolicismo, una de las más antiguas y una de las que más he hecho por su Iglesia, y nada mejor para Ésta que el hecho de que sus corporaciones más señeras, como lo es Malta, sean vivo ejemplo de vida cristiana ejemplar. No tengo ninguna duda de que, después de un periodo algo difícil y complicado, con un mundo cada vez más obtuso e irreligioso, la vieja y fiable Oreden de Malta volverá por sus fueros, al servicio de los hombres y de la palabra de Jesús. Por todo ello...


larga vida a la Orden de Malta!!